19 de mayo de 2011
8 de mayo de 2011
Fragmento...
Porque el dolor a veces, es cierto, acompaña al que sufre, en el mismo lugar que antes ocupaba la persona.
No importa qué lugar ni cuánto lugar ocupaba el desaparecido en tu vida, el dolor está listo para ocupar todos esos espacios. Y esta sensación de estar acompañado por el dolor no es agradable, pero por lo menos no es tan amenazante como parece ser el vacío.
Por lo menos el dolor ocupa el espacio.
No importa qué lugar ni cuánto lugar ocupaba el desaparecido en tu vida, el dolor está listo para ocupar todos esos espacios. Y esta sensación de estar acompañado por el dolor no es agradable, pero por lo menos no es tan amenazante como parece ser el vacío.
Por lo menos el dolor ocupa el espacio.
El dolor llena los huecos.
El dolor evita el agujero del alma.
¿Qué pasaría si no estuviera el dolor llenando los huecos?
Quizá simplemente podrían vivir dentro de mí las cosas que el otro dejó.
A veces el proceso es el de aceptar renunciar a alguien que no murió, pero que ya no está, porque su enfermedad o el paso del tiempo lo cambiarion tanto que ya no es como era. Puede estar aquí fisicamente, tiene su misma cara pero no la misma expresión, tiene su misma voz pero no sus mismas palabras. Ya no es la misma persona. Ya no es.
Y, sin embargo, está. No allá afuera, sino aquí, adentro.
Y cuando puedo llegar a darme cuenta de eso puedo recuperar la alegría de estar vivo.
Porque estar vivo significa poder mantener vivo a este otro que vive en mí.
La vida es la continuidad de la vida, más allá de la historia puntual, cada momento se muere para dar lugar al que sigue, cada instante que vivimos va a tener que morirse para que nazca uno nuevo, que nosotros después vamos a tener que estrenar (como dice Serrat).
Hace falta estrenar una nueva vida cada mañana si es que uno decide soportar la pérdida.
Pero si sigues llevando la anterior, la anterior y la anterior, tu vida se hace muy pesada.
A mí me parece que la vivencia normal de una pérdida tiene que ver justamente con animarse a vivir los duelos, con permitirse padecer el dolor como parte del camino. Y digo el dolor y no el sufrimiento, porque sufrir como veremos es, más bien, resignarse a quedar amorosamente apegado a la pena.
Quiero poder abrir la mano y soltar lo que hoy ya no está, lo que hoy ya no sirve, lo que hoy no es para mí, lo que hoy no me pertenece.
No quiero retenerte, no quiero que te quedes conmigo "porque yo no te dejo ir".
No quiero que hagas nada para quedarte más allá de lo que quieras.
Mientras yo deje la puerta abierta voy a saber que estás acá porque te quieres quedar, porque si te quisieras ir ya te habrías ido.
... El camino de las lágrimas, un camino necesario.
El dolor evita el agujero del alma.
¿Qué pasaría si no estuviera el dolor llenando los huecos?
Quizá simplemente podrían vivir dentro de mí las cosas que el otro dejó.
A veces el proceso es el de aceptar renunciar a alguien que no murió, pero que ya no está, porque su enfermedad o el paso del tiempo lo cambiarion tanto que ya no es como era. Puede estar aquí fisicamente, tiene su misma cara pero no la misma expresión, tiene su misma voz pero no sus mismas palabras. Ya no es la misma persona. Ya no es.
Y, sin embargo, está. No allá afuera, sino aquí, adentro.
Y cuando puedo llegar a darme cuenta de eso puedo recuperar la alegría de estar vivo.
Porque estar vivo significa poder mantener vivo a este otro que vive en mí.
La vida es la continuidad de la vida, más allá de la historia puntual, cada momento se muere para dar lugar al que sigue, cada instante que vivimos va a tener que morirse para que nazca uno nuevo, que nosotros después vamos a tener que estrenar (como dice Serrat).
Hace falta estrenar una nueva vida cada mañana si es que uno decide soportar la pérdida.
Pero si sigues llevando la anterior, la anterior y la anterior, tu vida se hace muy pesada.
A mí me parece que la vivencia normal de una pérdida tiene que ver justamente con animarse a vivir los duelos, con permitirse padecer el dolor como parte del camino. Y digo el dolor y no el sufrimiento, porque sufrir como veremos es, más bien, resignarse a quedar amorosamente apegado a la pena.
Quiero poder abrir la mano y soltar lo que hoy ya no está, lo que hoy ya no sirve, lo que hoy no es para mí, lo que hoy no me pertenece.
No quiero retenerte, no quiero que te quedes conmigo "porque yo no te dejo ir".
No quiero que hagas nada para quedarte más allá de lo que quieras.
Mientras yo deje la puerta abierta voy a saber que estás acá porque te quieres quedar, porque si te quisieras ir ya te habrías ido.
... El camino de las lágrimas, un camino necesario.
6 de mayo de 2011
El amor es una canción; tiene notas altas y bajas, acordes complejos y sencillos...
Hasta la pequeñas discusiones fueron perfectas a tu lado. He comprendido que aquellos momentos jamás se borrarán, fueron algo realmente especial. Aún sigo pensando en el "qué hubiera pasado", y odio esa parte de mí.
Amo el arcoiris que se forma día a día sobre tu cabeza... no puedo dejar de pensar en tu sonrisa, en tu voz, en tus ojos. Sólo una mirada basta para echarme a volar, para romper lazos que ahogan. Una sonrisa es suficiente para olvidarme de lo que ocurre a mi alrededor, para volar el muro opaco de la tristeza...
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