26 de febrero de 2011

Escribír, una pasión

Me apasiona escribír... Qué más queda por vivír?
La objetividad no es un buen partido.

Quebrantar las leyes del abismo,
apegarse a las leyes del sueño universal,
redactar las emociones del romanticismo,
recuperar las ideas que viajan por la espiral...

¡Y deja ya de evaluar al amor!


Retira piezas y coloca trozos de papel manchados
con tinta de una pluma que no escribe...

Escribe, escribes?

Opta por leer las palabras de un libro sin páginas.
Imagina mundos exteriores con estrellas a sus alrededores.
Borra problemas y errores que puedan dañar el sistema.
Contagia con una sonrisa engañosa a aquellas personas que no conozcas.

Escribe por que te apasiona... nadamás porque sí.

25 de febrero de 2011

Amor según Xavier Velasco

"Pero ¿cuándo el amor es propiamente amor? ¿Puede uno amar a quien le acompañó por una hora? ¿Por dos horas, dos meses, dos años, dos minutos? ¿Se ama a quien se conoce, justamente por eso, o es quizás al revés: conocemos para mejor desconocer, y así poder amar sin el estorbo de la realidad? ¿No es cierto que quienes más se aman son a veces quienes menos se conocen? Ni una sola de estas preguntas se plantea jamás para buscar respuesta verdadera.
Ninguna la tiene, ni la tendrá, a menos que uno decida imponérsela, casi siempre de acuerdo con su más absoluta inconveniencia. Incluso sin respuesta, lanzadas al espacio estratosférico de los propios insomnios, las preguntas que apuntan hacia la probable existencia del amor suelen aparecer cuando no queda tiempo, ni voluntad, ni siquiera osadía para ponerlas en duda. Preguntarse si por casualidad se ama equivale a plantear una alternativa entre felicidad y desdicha, buena y mala fortuna, besos y bofetadas. Se elige ser feliz, besado, afortunado, aun en la certeza de que sucederá lo opuesto, igual que se le dice <<que te vaya bien>> a un enfermo terminal.
Elegimos a veces a costillas de la conveniencia y es sosiego, por razones tan inaccesibles como irracionales, por eso las preguntas laten sin respuestas, y al final son capaces de aceptar cualquiera. El amor es lo más parecido a las mentiras. Justifica y opaca a la razón, por derecho o torcido que parezca, no requiere de justificaciones, se reproduce a la menor provocación y exige todo el crédito del mundo. Además de que nadie o casi nadie puede vivir tranquilo en su total ausencia. Por eso, cuando vienen las preguntas, lo hacen acompañada de su correspondiente hilera de respuestas obvias. Sí. Claro. Por supuesto. Para siempre. ¿Por qué no? Cualquier cosa con tal de no quedarse en esta orilla solitaria, que más da si después del amor está la nada. ¿O es que alguien está aquí sin entender que al final de la vida no queda más que muerte?"


Diablo Guardián

Ideas del autor

"Vuelve la mirada y dime qué ves... Eres el boxeador entrenando en la playa, lanzando ganchos de izquierda al aire. Has aprendido a esquivar un ataque..."







¿Qué es un recuerdo? ¿Cómo olvidarlo? ¿De qué forma borrarlo?

Los días han pasado lentamente rápido, algunos más que otros.

> Se abre el telón, y una bailarina sale a escena. Seguida de un payaso, se disponen a montar una canción al ritmo de delicados pasos de ballet. El payasito sonríe, mientras la bailarina -dulce bailarina- mantiene una postura en espera de la señal que dé comienzo a la presentación...

> Un robotista aleja la mirada a una distancia paralelamente cercana a los ojos de un hombre. El hombre observa atentamente las acciones del robotista, analiza y  piensa en las posibilidades de cerrar los ojos...

> ... y dejó la manzana sobre la mesa. Era una manzana como ninguna otra; tan roja como la sangre que recorre las venas de un eterno enamorado, tan perfecta como la miel que genera una abeja en su panal, tan deslumbrante como la luz de la Luna Llena que ilumina los rincones más oscuros del cielo. Pero la manzana rodó sin aplicársele fuerza alguna y cayó al suelo... La mesa se derrumbó al instante y sigue sin poderse armar por completo...

> La locura ayuda a pensar coherentemente...

A una bella

Sobre pupila azul con sueño leve
Tu párpado cayendo amortecido,
Se parece a la pura y blanca nieve
Que sobre las violetas reposó;
Yo el sueño del placer nunca he dormido:
Sé más feliz que yo.

Se asemeja tu voz en la plegaria
Al canto del zorzal de indiano suelo,
Que sobre la pagoda solitaria
Los himnos de la tarde suspiró;
Yo sólo esta oración dirijo al cielo:
Sé más feliz que yo.

Es tu aliento la esencia más fragante
De los lirios del Arno caudaloso,
Que brotan sobre un junco vacilante
Cuando el céfiro blando los meció.
Yo no gozo su aroma delicioso:
Sé más feliz que yo.

El amor, que es espíritu de fuego
Que de callada noche se aconseja
Y se nutre con lágrimas y ruego
En tus purpúreos labios se escondió;
Él te guarde el placer y a mí la queja:
Sé más feliz que yo.

Bella es tu juventud en sus albores
Como un campo de rosas del Oriente;
Al ángel del recuerdo pedí flores
Para adornar tu sien, y me las dio.
Yo decía al ponerlas en tu frente:
Sé más feliz que yo.

Tu mirada vivaz es de paloma:
Como la adormidera del desierto
Causa dulce embriaguez, hurí de aroma
Que el cielo de topacio abandonó;
Mi suerte es dura, mi destino incierto:
Sé más feliz que yo.

Principiantes

Puedo ofrecer mucho,
no hay mucho que escoger,
soy todo un principiante,
pero no un loco de atar.
Mientras sigamos juntos,
el resto que mas da.

Yo te quiero infinito,
pero estamos empezando,
y miramos con orgullo
e inseguros a la vez.

Si nuestra "love song",
llega hasta lo más alto,
surca todos los mares
-como en un film-,
no hay razones,
ni corazones rotos,
ni mil tristes canciones,
simplemente así.

Que mas puede pasarnos,
podamos compartir,
si somos principiantes,
no dejes de jugar.
Si sonries como antes,
no necesito más.

Yo te quiero infinito
pero estamos empezando
si el amor es tan grande ahora
¿Cuál será el final?

Si nuestra "love song",
llega hasta lo más alto,
superándolo todo
-como en un "film"-,
si hay razones.
y corazones rotos,
y hay mil tristes canciones,
y es simplemente así.

Annabel Lee

Fue hace ya muchos, muchos años,
en un reino junto al mar,
habitaba una doncella a quien tal vez conozcan
por el nombre de Annabel Lee;
y esta dama vivía sin otro deseo
que el de amarme, y de ser amada por mí.

Yo era un niño, y ella una niña
en aquel reino junto al mar;
Nos amamos con una pasión más grande que el amor,
Yo y mi Annabel Lee;
con tal ternura, que los alados serafines
lloraban rencor desde las alturas.

Y por esta razón, hace mucho, mucho tiempo,
en aquel reino junto al mar,
un viento sopló de una nube,
helando a mi hermosa Annabel Lee;
sombríos ancestros llegaron de pronto,
y la arrastraron muy lejos de mi,
hasta encerrarla en un oscuro sepulcro,
en aquel reino junto al mar.

Los ángeles, a medias felices en el Cielo,
nos envidiaron, a ella y a mí.
Sí, esa fue la razón (como los hombres saben,
en aquel reino junto al mar),
de que el viento soplase desde las nocturnas nubes,
helando y matando a mi Annabel Lee.

Pero nuestro amor era más fuerte, más intenso
que el de todos nuestros ancestros,
más grande que el de todos los sabios.
Y ningún ángel en su bóveda celeste,
ningún demonio debajo del océano,
podrá jamás separar mi alma
de mi hermosa Annabel Lee.

Pues la luna nunca brilla sin traerme el sueño
de mi bella compañera.
Y las estrellas nunca se elevan sin evocar
sus radiantes ojos.
Aún hoy, cuando en la noche danza la marea,
me acuesto junto a mi querida, a mi amada;
a mi vida y mi adorada,
en su sepulcro junto a las olas,
en su tumba junto al rugiente mar.

Edgar Allan Poe.