Un local, un helado, un lugar en algún lado. Una familia sentada frente a mí, dos personas conversando junto a mí, una plática extraña y lejana que no da señales de vida, varias personas caminando de un lugar a otro, y una lista interminable de canciones.
La familia parece estár feliz, al mismo tiempo una canción con excelentes líneas para disfrutar del momento. Las dos personas sentadas a un lado mantienen una conversación. En ese instante sobresale el sonido de un recuerdo, y de momento las ideas fluyen por mi cerebro.
Las canciones no se detienen; siguen y siguen, son perfectas para armonizar la mente de aquél jóven pensador. Y por fin llega una idea que vale la pena darla a conocer: Escribir y plasmar ese momento.
Poco a poco el helado comienza a terminarse... ¿Comenzar a terminarse? Que frase tan... algo. ¿En qué momento es que comienza el final? Nadie lo sabe, lo único que saben es comenzar y finalizar. Se dan cuenta del fin cuando éste ya llegó, no cuando empieza o está por empezar, sino cuando ya llegó. Y es cuando todos se preguntan: "¿En qué momento se comenzó a acercar el final?"
Lo que pasa en esta sociedad es que nadie sabe nada, y los que saben nunca hablan. La mayoría no disfruta cada momento de su vida al máximo, no se percatan de lo que están viviendo y la vida se les va de las manos en 13 segundos. Esta es la forma de vívir, una de tantas maneras de disfrutar la vida: Vivír sin vivír.
¿Quién no se ha aferrado a un amor inalcanzable? ¿Quién no está en espera del regreso de una persona? ¿Quién no vive en los recuerdos, en los errores, en el pasado? Existen muchas personas (infinidad de ellas diría yo) que, a sus 58 años se lamentan de no haber vivido como quisieron, de haber perdido muchos años de su vida, de haberlos desperdiciado "prestando atención a charlas sin sentido".
"Comienza a terminarse"... que curioso.
Las personas que caminan de un extremo de la calle al otro se parecen tanto a aquél "amor inalcanzable" de nuestro pensador. Un pensamiento: "Quisiéra que fuera ella, poderla abrazar y decirle al oído lo que me he callado... desearía haber terminado con lo nuestro (si es que alguna vez hubo un "nuestro"), antes de que comenzara el final".
Después de eso, la mente del ilusionista vuelve a la realidad. Luego se escucha una voz de un individuo, el cual escupe y dice: "Me gusta analizar y observar a las personas".
Las personas siguen caminando; pasan en parejas, en familia, solas, con sus hijos, con sus hermanos, con amigos, con sus perros... caminan hacia su destino.
El helado se ha terminado y el pensador/ilusionista deja de pensar en ilusiones. Suelta la pluma, la pone sobre la mesa, dobla la servilleta en la que escribió su memoria, la guarda en su bolsillo izquierdo del pantalon negro que llevaba puesto, se amarra sus agujetas, se acomoda los calcetines, estornuda, se levanta del asiento, se retira el cabello de su rostro, toma la basura del helado, camina, la deposita en el cesto de basura, baja las escaleras y se dispone a caminar entre la gente para llegar a casa y poder descansar por tan agitado día.
interesante (:
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